Hace unos meses publiqué en mi columna mensual de OME news, un medio del sector de internet, la columna La privacidad y los ciudadadanos.
Estaba centrada en el debate abierto sobre la privacidad de los datos
que se maneja en las nuevas redes sociales (Facebook, MySpace, Bebo,
etc.). Para mi es uno de los grandes retos para el sector de internet
en estos años, ya que las redes sociales que están teniendo más éxito,
como Facebook y Linkedin, son las redes que cuentan con más datos
reales de los usuarios, a diferencia de otras como MySpace.
Facebook está creciendo de forma espectacular, y también sube la
cantidad de datos que incorpora cada usuario, ya no sólo datos como
sexo o edad sino también de orientación política y religiosa. Existen
herramientas como Socialistics,
que permiten a un usuario hacer un grafo social de los amigos que
tiene, pero que además permite a empresas que desarrollen aplicaciones
en esta red e incorporen la versión para empresas de Socialistics
conocer toda la información de los perfiles de los usuarios que
agreguen esas aplicaciones. Las empresas tienen así al alcance de la
mano los datos que se cansan de obtener de encuestas y estudios que en
la mayoría de los casos son bastante cuestionables.
Las propias redes también se encargan de explotar estos datos, como Facebook, con una versión de sus Facebook Ads (Beacon),
que son anuncios basados en mostrar anuncios relacionados con las
actividades de consumo de los contactos que uno tiene en esta red. En
cuanto salió al mercado esta modalidad de anuncios gran cantidad de
usuarios de la red mostró su rechazo, más de 50.000 protestaron y ahora
Facebook pedirá permiso antes de enviar estos “anuncios sociales”.
El ejemplo de Facebook demuestra que las empresas y sus clientes se
bastan para tratar aspectos relacionados con la privacidad, pero los
gobiernos, siempre los gobiernos, dicen que está entre sus objetivos proteger la privacidad de los ciudadanos.
No creo que sea necesario un regulador para ello, que además siempre
actúa tarde y mal, por lo menos no un regulador tal y como está
planteado. La privacidad nos preocupa a muchos, pero delegar la
preocupación no parece lo más sensato.

