En estos últimos años, cada vez que tenemos elecciones en los
Estados Unidos, los medios nos desbordan con artículos que analizan la
importancia de internet en la campaña electoral norteamericana. Y la
mayoría no están alejados de la realidad, porque la red, como en otros
ámbitos de la sociedad, tiene una gran importancia a la hora de hacer
política en los Estados Unidos. Sí, en los EEUU, pero no tanto en
España. Porque, como bien saben los lectores de Libertad Digital, su sistema de partidos dista mucho del nuestro.
Recuerdo cuando a finales de noviembre de 2005 Daniel Ureña, de Mas Consulting, me invitó al seminario internacional de comunicación política y electoral que contaba con interesantes ponentes internacionales, como Alastair Campbell, ex director de comunicación de Tony Blair, o Nicco Melle,
webmaster de la campaña de Howard Dean de 2004, entre otros. En el
seminario expusieron sus respectivos casos de estudio que se basaban en
los sistemas políticos de sus países. En 2005 el nombre de Howard Dean
tenía mucha prensa en nuestro país, y Melle explicó ante un público
interesado cómo había sido posible que una persona tan poco conocida
como Dean hubiera tenido tanta relevancia en las primarias demócratas.
Me resultó muy interesante el seminario y valoro que haya en nuestro
país personas como Daniel, que se preocupan por traer personas
interesantes que comparten sus experiencias. Pero aparte de lo
aprendido, me quedé con un poso amargo: “sería imposible hacerlo en
España”, no porque no existan profesionales de internet o de la
comunicación preparados, sino porque el sistema de partidos políticos
lo hace imposible. Un medio como internet, basado en la participación,
no puede aportar nada a unas organizaciones que parecen más cortijos de
las castas dirigentes que partidos políticos democráticos.
En la crisis que vive actualmente el PP, es posible que las
diferentes opiniones y las nuevas plataformas que se han creado en
internet puedan llegar a tener influencia, pero lamentablemente muy
limitada. Y no influyen como en otros países porque, aunque el éxito de
un político dependa del voto de los ciudadanos, su puesto en el partido
político no; ni siquiera depende de los afiliados, lo que debería
considerarse síntoma de que algo no va bien.
En las pasadas elecciones generales los principales partidos
llevaron a sus candidatos a la web 2.0, pero sirvió para muy poco,
salvo para que los gabinetes de prensa justificaran su respectiva
producción de notas de prensa. Cuando leemos hoy artículos que hablan
de Barack Obama, y se habla de internet como uno de sus grandes apoyos,
ningún periodista refleja que si los ciudadanos pueden influir a través
de internet es porque el sistema es democrático desde la base, y un
sistema de libertades siempre se entenderá a la perfección con internet.
